
La venta de los aviones de YPF, anunciada como símbolo de austeridad y transparencia, quedó a mitad de camino. Casi tres años después, el Lear Jet 60XR que la gestión de Horacio Marín prometió vender continúa en manos de la compañía
Cuando Horacio Marín asumió como presidente del directorio y CEO de YPF, el 15 de diciembre de 2023, la nueva conducción de la petrolera quiso dejar una señal política nítida: había que terminar con los privilegios, reducir gastos y administrar la compañía con criterios de eficiencia.
La venta de dos aviones corporativos de YPF fue presentada como uno de los primeros gestos concretos de esa nueva etapa.
El anuncio tuvo, además, una particularidad que excedía a la petrolera. Fue comunicado públicamente por el entonces vocero presidencial, Manuel Adorni, desde la Casa Rosada, como parte del paquete de medidas de austeridad del flamante gobierno de Javier Milei.
“Tomamos la decisión de concretar la venta de dos aviones de la empresa YPF”, dijo Manuel Adorni, el vocero caído en desgracia por su inexplicable patrimonio. Y agregó que se trataba de dos aeronaves “utilizadas casi con exclusividad por la política, por los privilegiados que no queremos que estén más”.
La frase no era menor. La venta de los aviones fue presentada como una demostración concreta de que la nueva administración iba a desprenderse de gastos considerados propios de la vieja política.
Ese mismo día, el directorio de YPF aprobó por unanimidad la operación. En el comunicado de la compañía se explicó que se llevaría adelante la venta del Embraer Praetor 500, matrícula LV-KGJ, y que a esa operación se sumaría el Learjet 60XR, matrícula LV-BTA. La empresa justificó la decisión “por cuestiones de eficiencia y ahorro para la empresa”. En aquella misma reunión se confirmó la designación de Horacio Marín como presidente del directorio y CEO.
La puesta en escena era clara: menos privilegios, menos gastos y una YPF supuestamente más austera.
Tres años después, la promesa quedó incompleta
Casi tres años después de aquel anuncio, la evidencia disponible muestra que uno de los dos aviones no fue vendido.
Se trata del Lear Jet 60XR LV-BTA, número de serie 353. La aeronave continúa publicada en el mercado internacional de aviones ejecutivos a través de Southern Cross Aircraft. La ficha comercial actual lo identifica expresamente como LV-BTA, con 4.307 horas de vuelo, y lo ofrece bajo la modalidad “Make Offer”. La publicación señala además “One Owner Since New”.
La situación no es producto de una publicación vieja que quedó abandonada en Internet. Otro portal especializado, Trade-A-Plane, registró el avión con una actualización del 28 de abril de 2025, mientras que GlobalAir muestra una actualización del 26 de enero de 2026. En ambos casos aparece el mismo Learjet 60XR, matrícula LV-BTA, número de serie 353, ofrecido por Southern Cross.
Es decir: el avión que YPF anunció que vendería continúa, al menos según los registros comerciales públicos disponibles, sin comprador identificado.
La propia YPF había prometido un proceso concreto
El dato resulta todavía más significativo porque, en febrero de 2024, la explicación oficial sobre el proceso era que la venta avanzaba.
En aquel momento se informó que los dos aviones estaban siendo sometidos a revisiones técnicas y que posteriormente una agencia internacional realizaría la tasación. La operación debía pasar por la aprobación del directorio y finalmente concretarse mediante una licitación pública. La expectativa oficial era recaudar alrededor de US$30 millones por ambos aviones.
Pero la licitación tampoco aparece como un punto de cierre claro.
La publicación especializada ch-aviation informó posteriormente que la venta todavía no se había concretado y señaló que no había encontrado una licitación de esas características en el sitio oficial de contrataciones. Según esa investigación, YPF debía contratar una tercera parte para tasar las aeronaves y obtener el consentimiento final del directorio antes de colocarlas a la venta mediante una licitación pública.
Hay una diferencia sustancial entre anunciar una venta, poner un avión en venta y venderlo efectivamente.
En el caso del Lear Jet, la última de esas etapas no aparece documentada.
El problema de la gestión de Marín es otro: el compromiso anunciado era vender los dos. Y uno de ellos sigue sin venderse.
El Lear Jet y la incógnita sobre su utilización
El Lear Jet LV-BTA merece una consideración aparte.
En marzo de 2024, ch-aviation registró como último vuelo conocido del avión el trayecto entre Rosario y el Aeroparque Jorge Newbery, realizado el 19 de marzo de 2024. El Praetor LV-KGJ, por su parte, tuvo como último vuelo registrado bajo esa matrícula el 8 de abril de ese año.
Pero tampoco hay, hasta ahora, una explicación pública concluyente sobre por qué un activo que debía ser vendido continúa años después en el mercado.
La especulación sobre un eventual uso del avión por parte de la actual conducción puede plantearse como pregunta, no como hecho: ¿para qué conserva YPF una aeronave cuyo destino anunciado era la venta? ¿Qué costos de mantenimiento, guarda, seguros y disponibilidad sigue generando? ¿Quién autoriza eventuales vuelos? ¿Cuánto tiempo permanece inmovilizado un activo que debía transformarse en ingresos para la compañía?
Son preguntas que adquieren mayor relevancia porque la propia gestión había presentado la operación precisamente en términos de eficiencia y ahorro.
De símbolo de austeridad a promesa a medio cumplir
En diciembre de 2023, la venta de los aviones funcionó como una fotografía perfecta del nuevo discurso oficial.
Adorni hablaba de “terminar con los privilegios” y ubicaba la venta de los aviones dentro de un programa que, según el Gobierno, buscaba reducir en unos US$3.000 millones anuales los gastos de funcionamiento de la política.
YPF, por su parte, habló de “eficiencia y ahorro para la empresa”.
Y la decisión fue adoptada precisamente en la primera reunión de directorio de la nueva conducción que confirmó a Horacio Marín como CEO.
El contraste con la situación actual es evidente.
Una de las aeronaves efectivamente salió del país y terminó operando en Brasil. Pero la otra, el Lear Jet 60XR que durante años fue utilizado por funcionarios y que la nueva gestión presentó como un emblema de los privilegios que quería eliminar, continúa publicado para la venta casi tres años después.
No es un detalle administrativo menor. Es una medida que fue utilizada políticamente para exhibir austeridad y una nueva forma de administrar YPF.
La pregunta que queda pendiente para Marín es sencilla: si la decisión era vender los dos aviones por eficiencia y ahorro, ¿por qué casi tres años después uno de ellos sigue sin venderse?
Y hay una segunda pregunta, todavía más incómoda: ¿cuánto le costó a YPF mantener durante todo este tiempo un activo que su propia conducción había decidido desprenderse?
Hasta que la compañía publique el precio de venta, el comprador y el expediente que documente la operación del Lear Jet —o explique formalmente por qué continúa sin concretarse—, aquella promesa de diciembre de 2023 seguirá siendo una promesa a mitad de camino.
La nueva YPF prometió vender dos aviones. Vendió, aparentemente, uno. El otro sigue esperando comprador.
Y la transparencia que acompañó aquel anuncio todavía tiene una cuenta pendiente: explicar qué ocurrió con el avión que nunca terminó de venderse.

