Magallanes. Por José Narosky

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La historia suele ser injusta.

Coloca a algunos hombres en el escenario, por sus hazañas, o por su visión y a otros, con idénticos méritos, suele casi ignorarlos.

Y a uno de estos últimos me he de referir. Se llamó Fernando de Magallanes.

Fue un hombre cuyas alas atravesaron fronteras. Porque todos caminaron. Pero pocos dejaron huellas…

Fue el primer hombre cuya expedición dio la vuelta al mundo por mar, confirmando la redondez de la tierra.

Colón había descubierto América sólo 30 años antes, buscando la ruta a la India por el Oeste.

Pero creo que lo de Magallanes no fue menos importante y meritorio.

Colón navegó con 3 carabelas bien provistas, casi nuevas y durante 33 días, hasta tocar tierra.

Llevaba la base de estudios cartográficos correctos y el apoyo total de los Reyes de España.

Magallanes en cambio, se dirigió a lo desconocido.

Iba con 5 minúsculos barquitos de pescadores. Llevaba provisiones, pero no podía saber si le alcanzarían. Porque ignoraba la duración del viaje.

Y navegó, no 33 días como Colón, sino 3 años, hasta culminar su hazaña, que considero personalmente la mayor proeza marítima en la historia de la exploración de nuestro planeta.

Incluso Colón – y sin querer desmerecerlo en absoluto- navegó por rutas que otros navegantes en la antigüedad ya habían recorrido.

Magallanes que era portugués, en cambio, fue el primero que tocó tierras y mares que nadie había visto jamás.

Él explicó a su rey su proyecto, pero no fue comprendido.

Viajó entonces a España –rival de Portugal- para buscar apoyo.

Dejó su verdadero apellido Magalais, para españolizarlo.

Tenía 36 años.

En Portugal criticaron que buscase apoyo en la enemiga España. Pero, para quién estaba por realizar un acto en bien de la humanidad, su patria era solamente su obra.

Todavía no se sabía, a 30 años de distancia, si lo que había descubierto Colón era un continente, o sólo un conjunto de islas.

La mayoría de los viajes audaces, no fueron, como nos dicen los textos escolares, viajes de descubrimiento, sino para llegar a las Indias en busca de especies.

También lo fue el viaje de Fernando de Magallanes, pero además, él tenía la íntima seguridad que había un paso del Atlántico al Pacífico –todavía este se llamaba Mar del Sur-. paso que él encontraría y atravesaría.

Su firmeza y su convicción, terminaron convenciendo al Rey Carlos V de España.

Cinco barquichuelos partieron entonces de Sevilla con 265 hombres, en total.

Casi exactamente tres años después, regresaría un solo barco de los cinco, con sólo18 hombres de los 265 que habían partido, entre los que ya no estaba Magallanes, que murió un año antes en un combate con indígenas en una isla del Pacífico, un triste día de 1521.

Lo reemplazó Sebastián Elcano.

En agosto de 1519, había partido la expedición de Magallanes.

Cuarenta días después, Brasil.

Los indígenas los recibieron con alegría, con regalos y frutas de la región.

Pero Magallanes debía seguir buscando el paso que intuía.

Y siguió bajando hacia el Sur. Luego, Montevideo, el Río de la Plata, hasta la Patagonia. Allí desembarcaron.

El anhelado paso del Atlántico al Pacífico no aparecía.

El Invierno y la escasez de víveres los acosaban. Pero seguían siempre hacia el Sur. Y un feliz día primero de noviembre de 1520, a 15 meses de la partida, encontraron un cabo –el actual Cabo de Hornos-, de rocas blancas sobre una playa extrañamente desgarrada.

El paisaje era imponente. El viento soplaba con fiereza.

Magallanes sentía que era el instante supremo. Y apareció un canal.

Experimentó un encantamiento. Era por cierto, el instante único e irrepetible que cada hombre puede experimentar una sola vez en su vida.

No habló durante horas. Finalmente las lágrimas se anudaron en su garganta.

Consiguió cruzar ese canal. Y ya ante sus ojos húmedos, apareció el Mar del Sur, que siente años antes había descubierto Vasco Nuñez de Balboa. El lo denominó Pacífico por su quietud.

Y ahora proa otra vez al Norte.

Su tesón y su fe habían hecho más grande el planeta.

En sólo 3 años la humanidad aprendió respecto al mundo que habita, más que en miles de años anteriores.

Descubriría posteriormente Filipinas, donde hallaría la muerte en manos de los indígenas, lo que significó su fin, pero no el fin de su meta.

Magallanes, para terminar, demostró a los hombres de su tiempo y a los de las generaciones venideras, que en la lucha por un ideal siempre se gana, aunque se pierda.

Y este hombre que al buscar un camino hacia las Indias, había encontrado el suyo propio, inspiró en mi este aforismo.

“No faltan caminos. Faltan… caminantes”.

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