JONAS SALK, EL CIENTÍFICO QUE LE PUSO FIN A LA POLIOMIELITIS

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Jonas Salk estuvo de visita en la Argentina en 1983.

Por José Narosky

Quiero aludir a un gran hombre, a un científico, que después de profundas y largas investigaciones logró, a los 40 años, encontrar una vacuna que en forma de inyección terminaría venciendo a uno de los grandes flagelos de la humanidad: la parálisis infantil. Se llamó Jonas Salk.

Hace más de medio siglo, el 12 de de marzo de 1953, inyectó por primera vez y con éxito su vacuna antipoliomielítica.

Era norteamericano, hijo de inmigrantes polacos de origen judío, que huyeron de su tierra europea perseguidos por la incomprensible discriminación racial. Esa aberración que desprecia al hombre diferente.

En 1983, Salk estuvo en Buenos Aires. Tuve ocasión de verlo y de escucharlo en una conferencia. ¡Y quedé deslumbrado! No sólo por su versación científica –que no podría evaluar con equidad- pero sí por su modestia totalmente auténtica.

Porque así como muchso hombres buscan los aplausos, Salk sólo los aceptaba. Y como resignado. Porque el hombre superior sabe más que sus contemporaneos. Lo que nunca conoce cabalmente es su propia grandeza.

Y un episodio que lo define como ser humano y del que fui involuntario testigo por estar circunstancialmente a pocos metros del hecho.

Terminada su conferencia a la que aludí, se acercó al investigador un hombre modestamente vestido.

-Quiero que vea a mi hija Dr. Salk. Se lo pido por favor.

Y este le replicó: -¿Vive Ud. cerca señor?.

-En Avellaneda Dr., a unos 30 minutos en automóvil de aquí. ¡Cóbreme lo que desee…!

-Voy con Ud. Sr., si me espera unos minutos. Y no me hable de cobrarle… Por favor.

Miré el rostro del hombre humilde. Una lágrima se deslizó por su curtida fisonomía. Es que “la gratitud puede expresarse de mil maneras. Hasta con los ojos“.
¡Y una lagrima furtiva no es menos lagrima.!

Ignoro como terminó el episodio y si fue o no útil la visita del sabio. Pero de lo que estoy seguro es de su noble condición humana. Habia nacido un 28 de octubre de 1914. Y que “asi como quien nace para crear dolor hay quien nace, para mitigarlo.“

El método preventivo de Salk contra el virus de la polio fue posteriormente perfeccionado.

Albert Sabin, nacido en Rusia y radicado desde la edad de cinco años tambien en los EE.UU, logró tres años después de la vacuna Salk, en 1956, otra vacuna, a base de virus atenuados no muertos que se dan por boca en forma de gotas, ya no inyectable, lo que facilito su uso enormemente.

La eficacia de la vacuna es total, cuando se la aplica a tiempo.

Jonas Salk tuvo en vida la satisfacción de haber contribuido a vencer un terrible flagelo. Y su rostro sereno mostraba su permanente felicidad interior. Por que la riqueza espiritual no sufre bancarrotas.

Con los beneficios obtenidos con su descubrimiento, hizo erigir -de su propio peculio- hospitales en los EE. UU., en la India, Colombia, Portugal y en varias naciones africanas, circunstancia que jamás mencionaba.

Porque más grande el hombre, menos se hace notar. Pocos hombres como él, han sentido como propio, todo el dolor de la humanidad.

Y este hombre, este pastor de almas, murió a los 80 años. Su sensibilidad y su noble condición humana, inspiraron en mi este aforismo:

“El médico que entiende almas, entenderá cuerpos”.

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